En Sabana Oeste, muy cerca del Estadio Nacional, emerge Ruggles Costa Rica, un espacio que redefine el concepto de salir a comer bien.

Desde su arquitectura hasta su propuesta gastronómica, este restaurante logra algo poco común: impresionar por fuera y enamorar por dentro.

El primer impacto llega con sus amplias y luminosas instalaciones, un despliegue de arte, diseño y color.
Pero la verdadera magia ocurre al sentarse a la mesa, cuando cada plato sorprende con sabores que fusionan lo caribeño, asiático e indio, siempre con el toque fresco de ingredientes locales.
Detrás del concepto están Bruce Molzan, reconocido chef estadounidense y creador del exitoso Ruggles Black Foodbar en Houston.
También está Mariela Gamboa, chef costarricense y propietaria, quien lideró junto con un equipo local un proyecto que tomó más de un año y medio en materializarse.

“Empezamos desde cero, con la idea de crear algo que reflejara nuestra esencia y creatividad”, comenta Gamboa.
El diseño interior, concebido por el arquitecto José Hernández, combina el arte bohemio con una estética moderna y cálida.
Las paredes cobran vida gracias a los impresionantes murales de la artista mexicana Karla de Lara, ícono del pop art hiperrealista, que celebra la flora, la fauna y la identidad costarricense, con un guiño tropical a Frida Kahlo.

La carta es un recorrido por el mundo.
Entre las entradas destacan los camarones picantes, el hummus de maracuyá o la coliflor tempura.
Los platos fuertes incluyen desde un pargo rojo al pistacho o un ramen de mariscos, hasta costillas baby rack o un ribeye a la parrilla.

También sobresalen sus pizzas artesanales —como la Tico Supreme o la Tandori— y postres que cierran la experiencia con dulzura.
El restaurante ofrece varios ambientes: un salón principal, terraza y un mezanine con el Pink Bar, ideal para eventos privados o catas.
Además, de jueves a sábado la música en vivo transforma el lugar en un punto vibrante de encuentro para quienes disfrutan buena comida y ambiente.

Ruggles Costa Rica abre de martes a domingo, con un brunch dominical que ya se perfila como uno de los favoritos de la capital.
Un nuevo oasis gastronómico que promete conquistar a quienes buscan más que una comida: una experiencia sensorial completa.

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